Cómo nos enamoramos?…Adalce Ibáñez Párraga, historia de mi dontología

Las grandes historias surgen cuando menos te lo esperas, al final son momentos sencillos que cuando pasan los años y miras para recordarlos es cuando llega la magia para darle sentido conectando cada instante de tu universo.

 

Fue con cinco años en una sala de espera con unos cuentos en miniatura del ratoncito Pérez y la ternura, paciencia y auténtica pasión que esa hada de los dientes que atendía a mi madre, irradiaba.Con un taburete a manera de alzador me invitaba a ayudarla y desde entonces recuerdo que fue el momento en el que me enamoré de esta profesión.

Siempre le estaré agradecida porque sentir auténtica pasión por lo que se hace es un regalo y no todos tienen la suerte de ser inspirados desde tan pequeños.

Ese fue mi sueño y en el camino las historias no faltaron, con el tiempo descubrí que viviría todo el resto de mi infancia y adolescencia sobre tres clínicas dentales… siempre acompañando a todos los de casa a cada una de sus visitas, disfrutando del momento en el que podía participar.

Los años pasaron y la aventura continuó en Santiago de Compostela, hogar de grandes profesionales y amigos que hicieron de mi una profesional de este sector; me acompañaron y guiaron en el camino , compartieron su saber hacer y pasión por el trabajo bien realizado , así que siempre estarán en mi día a día y por ello en mi corazón.

La curiosidad y las ganas de poder ofrecer y ayudar cada vez más fueron la causa de dos años de especialización en lo que en este gremio denominamos endodoncia, pero que con los años aprendes que sólo es una palabra que da nombre a un tratamiento, lo que realmente desarrollé en esos años fue el respeto por la biología, por mantener y conservar la fisiología e integridad de la boca. lo cual en resumen es una filosofía de trabajo, además de las habilidades que constantemente se mantienen al día de los avances para poder brindar las ventajas de estos principios con su mejor versión.

Así cada paso del camino de esta última década de experiencias persigue ese propósito sin más objetivo que vivir la vida disfrutando cada día como aquella niña de pecas y coleta de cuyo juego se enamoró y en su trabajo lo convirtió.

 

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